Una sociedad indispuesta: por qué la menstruación sigue siendo un tema tabú

En el artículo publicado a través del portal de noticias TN, la autora Sofía Miodosky, licenciada en Psicología, reflexiona sobre el impacto en la salud mental generado por los cambios corporales y hormonales que ocurren durante la pubertad, al seguir siendo un tema tabú. En lugar de visibilizar la realidad natural que atraviesa a cada mujer, se evidencian el silencio, las burlas y las heridas que provocan estos cambios. Es imperioso modificar la narrativa para que las niñas puedan vivir esos momentos sin temores, vergüenza ni estigmas.

La menstruación forma parte de la vida cotidiana de millones de personas y, sin embargo, continúa rodeada de silencios, eufemismos, vergüenza y desinformación. Aunque en las últimas décadas comenzó a hablarse del tema con mayor naturalidad, todavía persisten creencias y actitudes que presentan el ciclo menstrual como algo que debe ocultarse.

El problema no es solamente cultural. La forma en que una sociedad habla —o evita hablar— sobre determinados procesos corporales puede influir en cómo las personas interpretan su propio cuerpo, expresan malestar, piden ayuda y construyen su autoestima.

Por eso, hablar de menstruación también puede ser una conversación sobre salud mental, vergüenza, estigma y educación emocional.

¿Por qué la menstruación sigue siendo un tema tabú?

Los tabúes no aparecen de manera espontánea. Se construyen culturalmente y se transmiten a través de generaciones.

Durante mucho tiempo, la menstruación estuvo asociada con ideas de suciedad, debilidad, enfermedad o falta de control. Incluso cuando estas creencias ya no se expresan abiertamente, muchas veces continúan apareciendo en formas más sutiles.

Por ejemplo:

  • esconder productos menstruales al ir al baño;
  • utilizar expresiones indirectas para evitar decir “menstruación”;
  • sentir vergüenza frente a una mancha accidental;
  • evitar hablar de dolor menstrual;
  • minimizar síntomas físicos o emocionales relacionados con el ciclo;
  • considerar que hablar del tema en determinados espacios es inapropiado.

Estas conductas pueden parecer pequeñas, pero transmiten un mensaje implícito: hay algo del cuerpo que debería mantenerse oculto.

Vergüenza y relación con el propio cuerpo

La vergüenza es una emoción profundamente social. Aparece cuando sentimos que existe algo en nosotros que podría ser juzgado negativamente por otras personas.

Cuando desde edades tempranas determinados procesos corporales son tratados como algo incómodo o vergonzoso, es posible aprender a relacionarse con ellos desde el ocultamiento.

Esto puede producir pensamientos como:

“Espero que nadie se dé cuenta.”

“Qué vergüenza si se nota.”

“No debería hablar de esto.”

“Tal vez estoy exagerando.”

El problema no es experimentar estos pensamientos de manera ocasional. La dificultad aparece cuando empiezan a limitar la posibilidad de hablar abiertamente sobre el cuerpo, pedir ayuda o expresar una necesidad.

Desde la psicología podemos pensar que evitar permanentemente aquello que genera vergüenza suele mantener la propia vergüenza.

Cuanto menos se habla de un tema, más extraño o amenazante puede parecer.

Cuando el silencio dificulta pedir ayuda

El tabú menstrual también puede tener consecuencias prácticas.

Hay personas que normalizan durante años dolores intensos, alteraciones significativas del ciclo o malestar emocional porque aprendieron que menstruar implica simplemente “aguantarse”.

Pero existe una diferencia importante entre las molestias que pueden acompañar al ciclo menstrual y síntomas que interfieren de manera considerable con la vida cotidiana.

Poder hablar de lo que ocurre facilita consultar con profesionales de la salud cuando corresponde.

La psicología no reemplaza la evaluación ginecológica o médica. Sin embargo, puede ayudar a trabajar aspectos como:

  • ansiedad asociada a síntomas físicos;
  • vergüenza corporal;
  • miedo a hablar sobre sexualidad o menstruación;
  • dificultades para comunicar dolor;
  • impacto emocional de enfermedades ginecológicas;
  • cambios en la autoestima o la imagen corporal;
  • evitación de actividades sociales, laborales o sexuales.

Menstruación y salud mental

La relación entre ciclo menstrual y bienestar psicológico es compleja.

Las experiencias emocionales no pueden explicarse únicamente por cambios hormonales. Intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales y contextuales.

Por eso es importante evitar dos extremos.

Uno sería ignorar completamente la influencia que determinados cambios fisiológicos pueden tener sobre el estado emocional.

El otro sería atribuir cualquier emoción experimentada por una mujer a “las hormonas”.

Frases como “estás así porque te vino” pueden funcionar como una forma de invalidación emocional. En lugar de intentar comprender lo que la persona está experimentando, se reduce toda su experiencia a un proceso biológico.

Una mirada psicológica más adecuada intenta comprender el contexto completo.

El papel de la educación

Una educación menstrual saludable no consiste solamente en explicar qué ocurre biológicamente durante el ciclo.

También implica enseñar que hablar del cuerpo no debería ser motivo de vergüenza.

Poder nombrar correctamente lo que ocurre, hacer preguntas y expresar molestias contribuye a construir una relación más saludable con el propio cuerpo.

Esta educación puede comenzar desde edades tempranas y no debería dirigirse exclusivamente a quienes menstrúan.

Cuando niños, adolescentes y adultos comprenden el proceso con naturalidad, disminuyen el misterio y los prejuicios que sostienen el tabú.

Hablar no significa convertir todo en un problema psicológico

Normalizar la conversación tampoco significa patologizar la menstruación.

No toda incomodidad necesita tratamiento y no toda variación emocional alrededor del ciclo constituye un trastorno.

El objetivo es diferente: crear condiciones en las que una persona pueda hablar de lo que le ocurre sin sentir vergüenza ni temor a ser ridiculizada.

Desde las terapias psicológicas contemporáneas se trabaja frecuentemente con la posibilidad de observar pensamientos, emociones y sensaciones corporales sin convertirlos automáticamente en algo que debe evitarse o eliminarse.

Esto puede resultar especialmente útil cuando la persona desarrolló una relación de lucha constante con determinados aspectos de su cuerpo.

Del silencio a una conversación más saludable

Los cambios culturales suelen ser progresivos.

Muchas prácticas que hoy resultan normales fueron consideradas incómodas o inapropiadas durante décadas. Poder hablar abiertamente de menstruación forma parte de ese proceso.

La naturalización no implica quitar importancia a las dificultades que una persona pueda experimentar. Al contrario: permite diferenciar mejor entre aquello que forma parte de la experiencia cotidiana y aquello que merece una consulta profesional.

Hablar con mayor claridad también permite que quienes atraviesan dolor, vergüenza, ansiedad o dificultades relacionadas con su salud menstrual puedan pedir ayuda antes.

La menstruación no debería definir a una persona ni convertirse en un tema del que necesariamente haya que hablar todo el tiempo.

Pero tampoco debería ser algo que sintamos la obligación de esconder.


Sobre la autora

Lic. Sofía Miodosky
Coordinadora de Prisma TCC

Psicóloga integrante del equipo de Prisma TCC. Su trabajo se desarrolla desde una perspectiva basada en la psicología clínica y en abordajes contemporáneos de la terapia cognitivo-conductual.


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https://tn.com.ar/salud/noticias/2023/01/18/una-sociedad-indispuesta-por-que-la-menstruacion-sigue-siendo-un-tema-tabu